¿Quién inventó el Cloud Computing?


La historia de la tecnología esta llena de grandes genios injustamente olvidados. El protagonista de la nuestra, John McCarthy, es un buen ejemplo de ello; creador de Lisp, el lenguaje elegido para el desarrollo de la Inteligencia Artificial (término que acuñó el mismo) y todavía en uso, también está considerada la primera persona que expresó el concepto de computación colectiva.



John McCarthy trabajando en inteligencia artificial en su laboratorio de Stanford.


Durante su discurso para celebrar el centenario del MIT, en 1961, McCarthy introdujo la computación en tiempo compartido, imaginando un escenario futuro donde la capacidad de procesamiento de los ordenadores se vendería como servicio, tal y como se proporcionaba el agua o el gas. En una época donde un ordenador era tan grande como una habitación y valía tanto como una casa, nadie podría imaginar que en unos años todos tendríamos uno miles de veces más potente y en nuestro bolsillo.


En informática, el uso del tiempo compartido indica la capacidad para compartir de forma concurrente un recurso computacional (el uso del procesador, la memoria, el espacio en disco, …) gracias a las tecnologías de multiprogramación y la inclusión de interrupciones de reloj como parte del sistema operativo. De esta forma, gracias al software, era posible limitar los recursos que estaban disponibles para cada usuario y optimizar el uso de los equipos.



El primer proyecto de tiempo compartido fue implementado en 1957 en un IBM 704.


La idea de “alquilar tiempo de computación” se hizo muy popular durante los primeros años de la década de los sesenta, pero las limitaciones técnicas de la época hicieron muy complicado llevarlo a la práctica. Sí existieron algunas empresas como Tymshare, National CSS o Dial Data que proporcionaban servicios de computación basados en tiempo compartido.


A finales de los sesenta se ofrecían paquetes que incluían editores de texto, entornos de desarrollo para lenguajes de programación, paquetes de ofimática, almacenamiento de archivo y soluciones de impresión a cambio de un alquiler que iba en función del tiempo de conexión y el uso de los recursos.


Para acercarnos un poco más al cloud computing tal y como lo conocemos hoy debemos avanzar hasta 1962, cuando Joseph Carl Robnett Licklider (J.C.R. Licklider, para algunos, el verdadero “inventor” del cloud computing) introdujo la idea de miles de ordenadores interconectados para poder acceder a recursos y datos desde cualquier lugar.


“Consideren un caso en el que diferentes centros de datos están conectados, con su propio lenguaje y su forma de hacer las cosas. ¿No sería deseable, incluso necesario que todos se pongan de acuerdo para usar el mismo lenguaje o, al menos, tener una convención para preguntar en el lengua habla el otro?” afirmó Licklider en un discurso que ahora se torna casi profético.


Unos meses después, en abril de 1963, el genio formuló un esbozo de una red de ordenadores y la presentó ante la plana mayor de ARPA (Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados), para terminar en el Pentágono, donde convenció a los mandos militares de la importancia de una red invulnerable a un ataque soviético. Esta fue la clave para que, en plena guerra fría, se iniciara el desarrollo de ARPAnet, precusor de la Internet que todos conocemos.



De forma casi paradójica, la espectacular bajada de precios que experimentó la informática durante los años setenta y ochenta relegaron a un discreto segundo plano los avances relacionados con el cloud computing. No sería hasta 1996 cuando un ejecutivo de Compaq llamado George Favaloro y un técnico llamado Sean O´Sullivan presentaron el plan de negocio que podéis ver en este enlace: oficialmente, estamos ante la primera vez en la historia donde se usa el término “cloud computing”.


A finales de los 90 Salesforce introdujo el concepto de aplicaciones empresariales a través de Internet y, en 2002, los ingenieros de Amazon decidieron que podían utilizar parte de su hardware para ofrecer almacenamiento cloud. La llegada de Gmail, Google Docs, Windows Azure o iCloud, por citar algunos ejemplos conocidos, han ido formando el ecosistema actual, donde un gran porcentaje de lo que hacemos dentro y fuera de Internet depende, en gran medida, de tecnología basada en cloud computing.